LOS TEROS LIBERARIOS Y LAS TASAS MUNICIPALES

   Quienes vivimos en estas pampas planas conocemos bien al tero. Ante cualquier amenaza, este pájaro despliega una estrategia tan simple como eficaz: grita, revolotea y arma un gran alboroto lejos del lugar donde realmente están sus huevos. El objetivo es distraer al intruso, que termina mirando hacia otro lado mientras el nido permanece oculto.

Algo parecido ocurre por estos días en la discusión política sobre las tasas municipales en la provincia de Buenos Aires.

Desde distintos voceros de La Libertad Avanza —con especial intensidad en el plano provincial y también en algunos bloques locales— se insiste en que los problemas del comercio, la producción y la competitividad en la Argentina tendrían una causa principal: la supuesta “excesiva aplicación de tasas municipales”. Según ese argumento, las comunas serían responsables de encarecer la actividad económica y de dificultar el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas.

El planteo suena contundente. El problema es que los datos no lo sostienen.

Un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) sobre la carga impositiva en el sector agropecuario muestra con claridad cómo se distribuye el peso fiscal. Según ese estudio, el 93,6 % de la presión tributaria que recae sobre la renta agrícola corresponde a impuestos nacionales. Y más de la mitad de ellos —el 56,5 %— ni siquiera son coparticipables, es decir, quedan directamente en manos del Estado nacional.

En cambio, los impuestos provinciales explican el 5,7 % de la carga, mientras que las tasas municipales representan apenas el 0,7 %.

Dicho de otro modo: incluso si desaparecieran completamente las tasas municipales, el impacto sobre la estructura tributaria total sería prácticamente marginal.

Otro estudio, elaborado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, llega a una conclusión similar al analizar distintas cadenas productivas. En promedio, las tasas municipales explican apenas el 0,9 % del valor agregado bruto de esas actividades. Incluso en el sector donde su incidencia es mayor —el financiero— el impacto no supera el 1,7 %.

Los números, entonces, muestran que no es serio atribuir la falta de competitividad de la economía argentina a las tasas municipales.

Las dificultades reales que enfrentan la producción y el comercio se encuentran en otros factores mucho más determinantes: la dinámica del tipo de cambio, la apertura importadora en determinados sectores, la caída del mercado interno y la pérdida del poder adquisitivo de la población. Son variables macroeconómicas que dependen fundamentalmente de las decisiones adoptadas en el nivel nacional.

A esta discusión también se sumaron voces del propio interior bonaerense. El intendente de General Viamonte, Franco Flexas, advirtió que en muchos planteos libertarios sobre el tema “hay un enorme desconocimiento de lo que es un municipio”. En particular, señaló que muchas de estas propuestas nacen en ámbitos políticos de la Capital Federal que desconocen la realidad cotidiana de las comunas del interior.

No todos los municipios son iguales. Las necesidades, la escala y la estructura de servicios varían enormemente entre el conurbano, las ciudades medianas del interior y los distritos rurales.

Pero hay algo que todos comparten: los municipios son el nivel del Estado que presta los servicios más inmediatos y concretos para la vida cotidiana. Desde la recolección de residuos hasta la atención primaria de la salud, desde el mantenimiento de calles hasta el arreglo de caminos rurales.

En el caso de estos últimos, por ejemplo, Flexas explicó que durante el último año su municipio destinó alrededor de 400 millones de pesos adicionales —por encima de lo aportado por los productores— para el mantenimiento de los caminos rurales.

También formuló una propuesta provocadora: eliminar las tasas municipales, sí, pero a condición de que el Estado nacional devuelva al distrito el 10 % de retenciones que recauda sobre la producción local.

La respuesta, por supuesto, nunca llegó.

Nada de esto significa que el régimen de tasas municipales sea perfecto o que no necesite revisión. Como ocurre con cualquier sistema tributario, las ordenanzas fiscales y tarifarias deben actualizarse periódicamente. Lo mismo sucede con muchas regulaciones municipales sobre habilitaciones comerciales o administrativas, que en varios distritos ya muestran el desgaste propio del paso del tiempo.

La simplificación normativa, la modernización administrativa y la reducción de trámites innecesarios son debates válidos y necesarios.

Pero una cosa es mejorar las reglas y otra muy distinta es convertir a las tasas municipales en el chivo expiatorio de todos los problemas de la economía argentina.

Porque cuando el ruido es demasiado grande, conviene mirar con más atención.

A veces el alboroto no es más que una maniobra de distracción.

Y en medio de tanto humo, igual se les ven los güevos. 🥚