Crédito fácil
La expansión de las billeteras virtuales, fintech y proveedores no bancarios modificó profundamente el mercado del crédito. Obtener dinero prestado es hoy, para muchos consumidores, mucho más sencillo y rápido que algunos años atrás.
Ese proceso se desarrolla, además, en un contexto de desregulación de la actividad financiera y reducción de restricciones sobre la contratación del crédito dispuesta por el Gobierno nacional.
Condiciones oscuras
Un reciente informe de PHARO Consultora, que relevó 419 Proveedores No Financieros de Crédito entre marzo y agosto de 2026, ofrece datos suficientemente elocuentes (ver: http://pharoconsultora.ar/tasas-financieras-no-bancarias...).
En primer lugar, existe un serio problema de información, porque de las entidades analizadas, el 61,81% no publica una Tasa Nominal Anual -TNA- localizable y el 63,01% tampoco informa el Costo Financiero Total -CFT-.
Usura convalidada
Y cuando esa información aparece, los números son todavía más preocupantes. Entre las entidades que publican tasas, la TNA promedio alcanza el 240,28%, con una mediana del 194,44%. El Costo Financiero Total promedio llega al 995,98%, y su mediana al 436,38%. Dos de cada tres entidades que informan TNA superan el 150% anual.
Hay además casos extremos. El relevamiento encontró CFT superiores al 5.000% anual y un máximo publicado de 16.488,47%. La propia consultora advierte que esos valores requieren analizar cada producto y sus condiciones particulares, pero la magnitud de la dispersión resulta difícil de ignorar.
La comparación con el sistema bancario también es significativa. La TNA promedio de estos proveedores equivale a 3,74 veces la tasa bancaria de referencia; la mediana, a 3,02 veces. Aunque los promedios disminuyeron respecto del relevamiento anterior, la brecha sigue siendo enorme.
El destino de los préstamos
Todo esto adquiere una dimensión social particular cuando el crédito deja de estar asociado principalmente a la compra de bienes durables y comienza a funcionar como complemento del ingreso familiar para pagar alimentos, servicios, alquileres o simplemente llegar a fin de mes. En esas condiciones, el llamado “crédito rápido” puede transformarse fácilmente en crédito de subsistencia.
El problema es todavía más grave porque quien recurre a estos mecanismos no suele hacerlo desde una posición negociadora equivalente a la del prestamista. La necesidad inmediata, la urgencia económica y la facilidad tecnológica para obtener el dinero reducen, en los hechos, la capacidad de comparar alternativas y discutir condiciones. Allí la libertad contractual corre el riesgo de convertirse en una ficción.
Se paga hasta que se puede
Según las cifras oficiales utilizadas por PHARO, la irregularidad de los créditos otorgados por proveedores no financieros pasó del 16,2% en julio de 2025 al 26,9% en febrero de 2026, y alcanzó el 34,1% en los préstamos personales. La consultora aclara correctamente que la mayor morosidad no explica por sí sola las tasas extraordinariamente elevadas, pero sí muestra un deterioro muy significativo de la capacidad de pago.
La facilidad tecnológica para obtener un préstamo viene de la mano con falta de transparencia contractual. Una cuota aparentemente accesible puede ocultar un costo financiero enorme. Si se suman necesidad económica, acceso instantáneo al crédito, información deficiente y una fuerte asimetría entre quien presta y quien necesita endeudarse, se llega a la preocupante situación comentada.
Se toma deuda para cubrir gastos básicos, luego nueva deuda para pagar la anterior y, finalmente, una proporción cada vez mayor del ingreso familiar termina destinada al servicio de intereses. Hasta que llega la mora y la exclusión del sistema.








