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INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y SISTEMA EDUCATIVO

 Carreras que cambian, saberes que envejecen

        La irrupción de la inteligencia artificial y de otras tecnologías emergentes está provocando una transformación mundial con efectos sobre prácticamente todos los aspectos de la actividad humana. La economía, el trabajo, la producción y la educación ya están siendo alcanzados por cambios cuya profundidad todavía resulta difícil dimensionar.

Algunos comparan este proceso con una nueva revolución industrial. Otros sostienen que sus consecuencias podrían ser incluso mayores, principalmente porque las innovaciones actuales se expanden con una velocidad desconocida en transformaciones tecnológicas anteriores.

No sabemos con precisión cuántos empleos desaparecerán, cuántos serán creados ni cuáles serán las profesiones más demandadas dentro de diez años. Pero parece claro que una parte importante de las tareas que hoy realizan las personas será automatizada, asistida o profundamente modificada.

Esto no significa necesariamente que vayan a desaparecer los abogados, contadores, programadores, traductores, diseñadores o ingenieros. Pero muchas de las tareas que tradicionalmente justificaban su intervención podrán realizarse mediante herramientas automáticas, en menos tiempo y a menor costo.

Por eso, algunas calificaciones que hasta hace apenas un lustro eran presentadas como garantía de un “gran futuro” ya están siendo revisadas. La programación informática, los servicios financieros, la traducción, el diseño, la atención al cliente y numerosas tareas jurídicas y administrativas se encuentran entre las actividades más expuestas.

El problema no consiste únicamente en elegir correctamente una carrera. También existe el riesgo de que parte del conocimiento adquirido al comenzar los estudios haya perdido vigencia al momento de la graduación.


El caso chino

      China parece haber tomado nota de esta situación. Entre 2021 y 2025, sus universidades eliminaron o suspendieron alrededor de 12.200 programas de grado y crearon otros 10.200. La reorganización alcanzó a más del 30 % de la oferta universitaria del país.

Las reducciones se concentraron principalmente en programas de artes, humanidades, idiomas y administración considerados saturados o escasamente vinculados con las nuevas necesidades laborales y productivas. Paralelamente, comenzaron a crecer las especialidades relacionadas con inteligencia artificial, robótica y semiconductores.

        Sin embargo, esas decisiones estan siendo cuestionadas por amplios sectores, en tanto podrían ser apresuradas o equivocadas.

Esto no significa que la Argentina deba copiar el modelo chino ni que las humanidades, las ciencias sociales o las carreras tradicionales hayan dejado de ser valiosas. Subordinar toda la educación a las demandas inmediatas del mercado sería tan equivocado como ignorar las transformaciones que ya están ocurriendo.

La universidad debe producir conocimiento, desarrollar pensamiento crítico, promover la investigación y formar ciudadanos. Pero tampoco puede permanecer indiferente frente a la pérdida de vigencia de determinados contenidos, la saturación de algunas orientaciones o la aparición de nuevas competencias profesionales.


Revisar qué y cómo se enseña

     La discusión educativa no puede resolverse agregando una materia denominada “Inteligencia Artificial” dentro de programas que permanecen intactos. Lo que está en cuestión es más profundo: qué conocimientos vale la pena enseñar, cuáles pueden delegarse a las máquinas y qué capacidades deberán conservar y fortalecer las personas.

Esta revisión involucra a todos los niveles educativos. En la escuela deberán reforzarse la comprensión lectora, el razonamiento lógico, la creatividad, la capacidad de argumentar y el juicio crítico. En la formación técnica y universitaria será necesario integrar los conocimientos específicos de cada disciplina con competencias digitales, interpretación de datos y manejo responsable de herramientas automatizadas.

También deberán modificarse las formas de enseñar y evaluar. Cuando una aplicación puede redactar, traducir, programar o resumir en pocos segundos, la memorización pierde parte de su centralidad. En cambio, adquieren mayor importancia la capacidad de formular buenas preguntas, detectar errores, comprender contextos, relacionar saberes y asumir responsabilidad por las decisiones adoptadas.

La pregunta, entonces, ya no es solamente qué carrera conviene estudiar. También debemos preguntarnos qué clase de profesional podrá seguir siendo útil en un mundo donde casi todos tendrán acceso a las mismas herramientas tecnológicas.


Discusiones urgentes

     Existe una comprensible desorientación entre educadores, padres, estudiantes y orientadores vocacionales. Recomendar hoy una carrera universitaria exige admitir que nadie conoce con certeza cómo será ejercida dentro de diez o quince años.

Pero la incertidumbre no puede justificar la inmovilidad. Las universidades, los institutos técnicos, las autoridades educativas y los consejos profesionales deberían comenzar una revisión permanente de sus carreras y contenidos. No para perseguir cada novedad tecnológica ni para clausurar apresuradamente disciplinas tradicionales, sino para evitar que los estudiantes inviertan años en adquirir competencias que podrían perder rápidamente su utilidad.

Durante mucho tiempo imaginamos la vida profesional como una secuencia estable: estudiar una carrera, obtener un título, ejercer una profesión y jubilarse dentro de ella. Ese modelo está perdiendo vigencia. La formación deberá ser más flexible, interdisciplinaria y continua.

Tal vez no podamos anticipar cuáles serán exactamente las profesiones del futuro. Pero sí podemos preparar personas capaces de aprender, desaprender y volver a aprender durante toda su vida.

La transformación ya comenzó. La educación no puede limitarse a observarla. Es un tema para ocuparse, ahora.

Aumento de los suicidios

  Los datos oficiales muestran que la tasa de suicidios viene aumentando en Argentina de manera sostenida durante la última década. Lo que durante años fue abordado como un fenómeno marginal o invisibilizado por el estigma, hoy aparece consolidado como una de las principales expresiones del malestar social contemporáneo.

   Según datos del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), durante 2024 se registraron 4.249 suicidios en el país, con una tasa de 9,8 muertes cada 100.000 habitantes. Es récord histórico y equivale, estadísticamente, a una muerte cada dos horas. Desde 2023, además, el suicidio pasó a ser la principal causa de muerte violenta en Argentina, superando a los fallecimientos por siniestros viales y duplicando ampliamente a los homicidios dolosos.

   Durante años Argentina promedió poco más de 3.100 suicidios anuales. Sin embargo, el crecimiento se aceleró en el período reciente, especialmente después de la pandemia y en un contexto de deterioro económico prolongado. El problema dejó de ser excepcional para transformarse en estructural. Parte de esa evolución también responde a una mejora en los sistemas de registro y clasificación de las muertes violentas, lo que obliga a introducir una advertencia metodológica importante: probablemente existió durante décadas un significativo subregistro.

  Las propias fuentes oficiales reconocen que históricamente numerosos suicidios eran clasificados como accidentes o “causas indeterminadas”, debido tanto a limitaciones técnicas como al peso cultural, social o religioso asociado al tema. El cruce más riguroso entre bases sanitarias y judiciales, implementado en los últimos años, volvió más precisas y homogéneas las estadísticas actuales. Por eso, aunque el incremento es real, también debe interpretarse considerando que parte de la diferencia respecto de décadas anteriores puede obedecer a una mayor capacidad estatal de detección y sistematización.


La crisis juvenil

   Uno de los aspectos más preocupantes del cuadro argentino es su distribución por edades. El aumento no afecta de manera homogénea a toda la población. El crecimiento más alarmante aparece entre adolescentes y jóvenes adultos.

   En la franja de 10 a 19 años, el suicidio se convirtió en una de las principales causas de muerte. Entre los jóvenes de 15 a 19 años, las tasas específicas superan ampliamente los promedios históricos de la población general. A su vez, las personas de entre 15 y 34 años concentran más de la mitad de los suicidios consumados del país. El grupo de 20 a 29 años aparece reiteradamente entre los segmentos de mayor letalidad.

   También existe una fuerte diferencia de género. Las mujeres presentan mayores niveles de intentos de suicidio, particularmente entre los 15 y 24 años. Sin embargo, los hombres consuman el acto con una frecuencia considerablemente mayor, en parte por la utilización de métodos más letales y por menores niveles de búsqueda de ayuda profesional.

   La distribución territorial tampoco es uniforme. Las provincias patagónicas mantienen históricamente tasas elevadas, mientras que regiones del NOA y NEA experimentaron uno de los crecimientos más acelerados de los últimos años. Las grandes concentraciones urbanas, como Buenos Aires y CABA, reúnen el mayor número absoluto de casos, aunque con tasas proporcionalmente inferiores a las del norte y sur del país.


Las explicaciones académicas

   Las principales instituciones y especialistas que investigan el fenómeno coinciden en que no existe una causa única. El suicidio es entendido como un fenómeno multicausal, donde confluyen variables económicas, culturales, sanitarias y subjetivas.

   Desde ámbitos académicos como la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Fundación INECO, UNICEF Argentina y especialistas en suicidología, se destacan varios factores concurrentes.

Uno de ellos es el deterioro del tejido social. Las crisis económicas recurrentes, la pérdida de estabilidad laboral, el avance de la pobreza y la incertidumbre permanente generan escenarios de sufrimiento psíquico prolongado. Cuando desaparecen las perspectivas de futuro, se debilitan también los vínculos de pertenencia y los proyectos personales.

   Otro aspecto señalado es el impacto de la cultura digital sobre adolescentes y jóvenes. Redes sociales, hiperexposición, validación algorítmica, aislamiento, ciberacoso y pérdida de vínculos presenciales aparecen como variables reiteradamente estudiadas. La pandemia profundizó esas dinámicas al reducir durante largos períodos los espacios físicos de socialización y contención.

   También existe consenso sobre las dificultades de acceso a la salud mental. Hospitales públicos saturados, escasez de profesionales, tratamientos discontinuos y aumento de la demanda forman parte de un escenario crítico que las políticas públicas no logran revertir con suficiente velocidad.

  Finalmente, diversos especialistas advierten sobre un fenómeno cultural más profundo, que es la creciente dificultad para construir espacios de escucha emocional. Particularmente en los varones persisten mandatos de autosuficiencia y silenciamiento afectivo que desalientan la búsqueda temprana de ayuda. La soledad emocional contemporánea, muchas veces disimulada detrás de hiperconectividad permanente, aparece como uno de los rasgos más inquietantes del problema.


Algo más que una estadística

  Existe el riesgo de analizar estas cifras únicamente desde la lógica de los números. Pero detrás de cada registro hay una biografía quebrada, una familia atravesada por el dolor y una comunidad que muchas veces no encuentra herramientas para comprender lo sucedido.

  La sociedad contemporánea parece haber desarrollado una enorme capacidad para producir conexión tecnológica, pero no necesariamente vínculos humanos sólidos. Por eso el aumento de los suicidios puede leerse también como un indicador extremo de fragmentación social, precariedad emocional y pérdida de horizontes colectivos.

   Aunque las estadísticas sean indispensables para comprender la magnitud del fenómeno, probablemente el verdadero desafío no sea solamente sanitario. También es cultural, educativo, económico y comunitario.


IMPORTANTE: Si vos o alguien que conoces está atravesando una situación de crisis o sufrimiento psíquico, recordá que el suicidio es prevenible. En Argentina existen canales de asistencia gratuitos y confidenciales las 24 horas como la Línea Nacional de Urgencia en Salud Mental al 0800-999-0091, y el Centro de Asistencia al Suicida marcando el 0800-345-1435, desde todo el país.


Familias sobreendeudadas, mercado desregulado, tasas usurarias y costo social

    El crecimiento del endeudamiento de personas y familias en Argentina ya dejó de ser un fenómeno exclusivamente financiero para convertirse en un problema social. Detrás de los números aparecen hogares que recurren al crédito no para comprar un bien durable, para emprender o mejorar su calidad de vida, sino para cubrir gastos corrientes, tales como alimentos, servicios, medicamentos o alquileres.

    La raíz del problema está en el deterioro sostenido de los ingresos. Salarios que pierden frente a la inflación, jubilaciones insuficientes y pequeñas empresas o comercios que venden menos y enfrentan mayores costos generan una situación de fragilidad permanente. Cuando el ingreso no alcanza, el crédito aparece como una herramienta de supervivencia.

    En ese proceso, aumentan los saldos financiados en tarjetas de crédito, los préstamos personales y el uso de sistemas de financiamiento ofrecidos por plataformas digitales. Pero el problema no es solamente el acceso al crédito, sino sus condiciones. Mientras las entidades pagan tasas muy bajas a los ahorristas por sus depósitos o saldos inmovilizados, cobran intereses extremadamente elevados a consumidores y usuarios. La brecha entre tasas pasivas y activas resulta cada vez más difícil de justificar.

    A la vez, emergieron nuevos actores de intermediación financiera que operan con escasa regulación en comparación con el sistema bancario tradicional. Empresas tecnológicas y plataformas de pagos como Mercado Libre, a través de sus ecosistemas financieros, ofrecen préstamos inmediatos y financiamiento al consumo con costos que, en muchos casos, alcanzan niveles usurarios. La facilidad de acceso, sumada a la urgencia económica de millones de personas, crea una combinación explosiva.

    El sobreendeudamiento también deteriora la calidad de vida. La incertidumbre económica cotidiana genera angustia, insomnio, conflictos familiares y sensación de inseguridad respecto del futuro. Muchas personas viven atrapadas en una rueda en la que toman deuda para pagar deudas anteriores, perdiendo progresivamente capacidad de decisión sobre su economía personal.

    Por eso el debate no debería limitarse a la rentabilidad bancaria o a los indicadores de morosidad. También debería incluir cuestionamientos a las recientes eliminaciones de algunos mecanismos de protección para consumidores. El actual Gobierno nacional, en su frenesí desregulatorio -que equivale a liberar al zorro en el gallinero-, impide cualquier mecanismo orientado a establecer límites razonables a las tasas de interés y mayores controles sobre prácticas de cobranza y financiamiento digital.

    Porque cuando el crédito deja de ser una herramienta de desarrollo y se transforma en una condición para poder comer, el problema ya no es individual, es social.

LIGEROS DE EQUIPAJE

“Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje…”


    Antonio Machado escribió esos versos pensando en la muerte, pero también -quizás sin saberlo- en la vejez.

    Hay algo extraño y silencioso que ocurre en muchas personas ancianas. No se trata solamente del deterioro físico, visible, inevitable, sino  de la forma en que la memoria empieza a reorganizarse.

    Los recuerdos recientes se vuelven frágiles. Los nombres se escapan. Las conversaciones de ayer desaparecen. Los hechos intermedios de la vida -trabajos, mudanzas, conflictos, trámites, incluso episodios importantes- comienzan a borronearse. Sin embargo, permanecen intactas escenas antiquísimas como una cocina de infancia, un patio de tierra, un aroma, una canción, la voz de una madre llamando desde otra habitación hace setenta años.

    A veces parece que el tiempo, en lugar de acumularse, empezara a desarmarse en capas.

    Hace poco, en una conversación familiar, alguien dijo sobre una abuela ya muy anciana: “Los únicos recuerdos inamovibles son los de su infancia. Todo lo demás viene y se va”. La frase quedó resonando. Porque probablemente describa algo más profundo que un mero problema neurológico.

   Desde luego, la ciencia tiene explicaciones razonables. La memoria episódica reciente suele deteriorarse antes que las memorias más antiguas y consolidadas. La infancia deja marcas emocionales especialmente intensas. Todo eso es cierto.

    Pero hay otra lectura posible. Más poética. Más incierta. Tal vez más humana.

    ¿Y si la vejez fuera también un proceso de alivianamiento?

    ¿Y si, lentamente, el ser humano fuera soltando aquello que pesa demasiado para el último tramo del viaje?

    La vida adulta está llena de capas superpuestas cargando responsabilidades, frustraciones, éxitos, obligaciones, decepciones, burocracias, discusiones inútiles, cuentas pendientes. Décadas enteras de acumulación mental. Como si cada año agregara nuevos objetos a una valija ya imposible de cargar.

    Entonces llega la ancianidad y algo empieza a desprenderse.

    Primero son detalles menores. Después nombres. Luego secuencias completas. Finalmente quedan apenas algunos núcleos duros, esenciales. La infancia. Los afectos primarios. Las imágenes fundacionales de la existencia.

    Como si la conciencia, antes de apagarse, redujera todo a una especie de “jalea esencial”, más liviana y más simple.

    No necesariamente porque el cerebro “falle”, sino porque acaso exista una forma natural de preparación para la despedida.

    Los viejos suelen repetir historias. A veces las mismas una y otra vez. Eso desespera a los más jóvenes, que todavía viven obsesionados con la novedad. Pero quizá esa repetición tenga como sentido no recordar todo, sino conservar apenas aquello que todavía define quiénes fueron.

    Lo demás se descarta.

    Hay algo profundamente conmovedor en esa imagen. La de una persona que, al final de la vida, deja caer uno a uno los objetos innecesarios del equipaje. Hasta quedar casi desnuda de memoria, reducida a unas pocas escenas esenciales.

    Un patio. Una calle. Una hermana. Una canción. Un juguete. La mano del padre.

    Tal vez por eso muchos ancianos terminan pareciéndose un poco a los niños. No sólo por fragilidad o dependencia, sino porque el recorrido completo de la vida parece cerrarse sobre su punto de origen. Como un círculo.

    La modernidad interpreta ese proceso exclusivamente como pérdida. Y claro que hay pérdida. Dolorosa, incluso cruel. Nadie romantiza el deterioro cognitivo ni el sufrimiento de las enfermedades neurodegenerativas.

    Pero quizá exista también otra dimensión menos clínica y más existencial. Una transición. Un desprendimiento gradual. Una forma lenta de desapego.

    Machado imaginaba llegar al último viaje “ligero de equipaje”. Tal vez la ancianidad sea precisamente eso: el momento en que la vida empieza, lentamente, a vaciar las valijas.

LA ÚLTIMA DESIGUALDAD

¿Alguna vez nos detuvimos realmente a leer los avisos fúnebres de nuestra ciudad?

   Parecen una simple formalidad social, un mensaje sobrio destinado a comunicar una muerte y acompañar un duelo. Sin embargo, detrás de esa aparente neutralidad sobrevive un anacronismo cultural que todavía dice mucho sobre cómo concebimos la identidad de las mujeres.

   En Trenque Lauquen -donde el servicio social funerario se presta de buena manera por la Cooperativa de Electricidad local- aún es habitual encontrar el uso del apellido del esposo precedido por un “de” para identificar a mujeres fallecidas. La práctica no es exclusiva de esta ciudad ni de esta institución.

   La desigualdad se torna evidente porque a los hombres nunca se los identifica por su vínculo con una mujer. Ningún aviso menciona a un fallecido como “esposo de” o “viudo de”. 

   El hombre aparece como sujeto autónomo. La mujer, en cambio, todavía suele ser presentada como una derivación familiar o conyugal.

   No es un simple detalle de redacción. Es una forma residual de identificación subsidiaria, una costumbre heredada de épocas en las que la identidad social y jurídica de las mujeres quedaba subordinada a la del marido.

   Pero el mundo cambió. Cambiaron las leyes, las relaciones sociales y la propia idea de igualdad entre hombres y mujeres.  Persistir en estas fórmulas supone mantener, aunque sea de manera involuntaria, una mirada cultural anclada en otro tiempo.

   Y probablemente allí radique el problema, poque no se trata de una práctica sostenida por mala intención, sino por inercia. Son expresiones repetidas durante décadas que sobreviven porque nadie se detiene a revisarlas.

   Sin embargo, las palabras importan. También en los rituales de despedida. 

   La desigualdad no siempre aparece en grandes discursos o decisiones trascendentes. A veces persiste, silenciosa, en algo tan simple como la forma en que escribimos un aviso fúnebre.

El juego que enseña a vivir: Ajedrez en educación y reinserción

   Diversas investigaciones han destacado los efectos positivos del ajedrez en el funcionamiento cerebral. Este juego obliga a los jugadores a recordar movimientos previos, analizar estrategias y prever las respuestas del adversario. En un mundo donde la capacidad de atención es cada vez más limitada, el ajedrez se presenta como un excelente entrenamiento para mejorar la concentración. Aunque pueda parecer un juego rígido, el ajedrez constituye un espacio ideal para la creatividad. Cada partida exige planificar movimientos futuros, evaluar múltiples escenarios y anticipar las jugadas del oponente, habilidades fundamentales no solo en el ajedrez, sino también en la vida cotidiana.

  Desde esta perspectiva, la incorporación del ajedrez en instituciones públicas puede ser una herramienta valiosa de inclusión, que promueva el aprendizaje significativo de contenidos y la articulación de diversos sistemas de lenguaje.

El ajedrez como herramienta educativa y de inclusión social

  Los educadores coinciden en que la memoria, la imaginación y la visualización son pilares fundamentales para el aprendizaje en la infancia. En 1995, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) recomendó su inclusión en los niveles primario y secundario en todos los países miembros. Sin embargo, en la Argentina, aún no forma parte de la Ley Nacional de Educación, por lo que su enseñanza es sui generis y depende del interés de cada provincia, sin una valoración uniforme de su potencial pedagógico.

   En este contexto, cabe destacar antecedentes como los lineamientos sobre “Ajedrez Educativo” difundidos en 2022 por la Dirección de Políticas Socioeducativas de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires.

   En el plano internacional, merece especial atención la Declaración de 2012 del Parlamento Europeo, mediante la cual se instó a la Comisión Europea y a los Estados miembros a apoyar la introducción del ajedrez en los sistemas educativos, por considerarlo un medio eficaz para que los niños desarrollen "la creatividad, la intuición y la memoria". En España, el reconocido periodista especializado Leontxo García escribía en 2015, en el diario El País, que “el ajedrez como asignatura es desde hoy uno de los poquísimos asuntos que concitan el acuerdo unánime de los partidos políticos españoles”.

   Mientras se debate sobre su inclusión como materia curricular o extracurricular, sobre su carácter obligatorio u optativo, sobre la edad ideal de inicio o el perfil idóneo del instructor (entre la pedagogía del docente y el conocimiento del ajedrecista), lo cierto es que su incorporación a los programas escolares sigue postergándose.

El ajedrez tras las rejas, una mirada integral

 En cuanto al uso del ajedrez en contextos penitenciarios, se ha demostrado que varios de sus beneficios coinciden con necesidades centrales en dichos entornos. Además de mejorar la toma de decisiones, el pensamiento estratégico y la concentración, el ajedrez fomenta la resolución de problemas sin violencia, al exigir planificación y anticipación de consecuencias. Asimismo, ayuda a reducir la impulsividad, enseña a manejar la frustración (por ejemplo, al perder una partida) y promueve la empatía, al invitar a los jugadores a “ponerse en el lugar del oponente”. También favorece la integración y la disciplina, al crear espacios de diálogo respetuoso entre internos —incluso entre grupos en conflicto— y al establecer rutinas estructuradas, fundamentales para la readaptación postpenitenciaria.

   Existen experiencias exitosas en este sentido. En la Unidad Penitenciaria N.º 3 de Mendoza, se implementó un programa de ajedrez con el apoyo de la Universidad Nacional de Cuyo, cuyos resultados mostraron mejoras en la conducta y una reducción de incidentes violentos. La organización “Ajedrez para la Libertad” (Córdoba) desarrolla actividades en cárceles federales, combinando torneos con talleres de reflexión ética.

   No ignoramos los argumentos que consideran estas iniciativas como una “solución romántica” en contextos donde aún no se garantiza el acceso real a derechos básicos. Sin embargo, sin desconocer las deficiencias estructurales del sistema penitenciario, esta propuesta puede contribuir —con bajo impacto presupuestario— a mejorar las condiciones de vida de las personas privadas de su libertad. En este sentido, recomendamos como material de referencia el libro Ajedrez tras las rejas, de Diego Rasskin (análisis de casos en América Latina), o el estudio Chess as a Rehabilitation Tool in Prisons (Journal of Correctional Education, 2020).

El talento precoz de Faustino Oro y el mundo digital.

 El ajedrez ha tomado un renovado impulso a nivel mundial gracias a la proliferación de plataformas digitales, que permiten a personas de todo el mundo jugar partidas en línea (en modalidades rápidas o clásicas), tomar lecciones, analizar partidas y seguir competencias en tiempo real. 

   En el caso de Hispanoamérica, el fenómeno se ve reforzado por el asombroso desempeño del niño argentino Faustino Oro, quien se ha convertido en el maestro internacional más joven de la historia. 

  Estas circunstancias pueden potenciar aún más las acciones para fomentar la práctica de este “deporte-ciencia”.

IA 1: ¿Qué es la famosa Inteligencia Artificial?

    Mucho se habla ultimamente sobre la “Inteligencia Artificial” (IA), cuya irrupción impacta nuestro presente y nos desafía para el futuro inmediato. Ya tenemos certeza que incidirá en todos los aspectos personales, familiares, educativos, productivos, profesionales, sociales, ambientales, políticos. 


    Proponemos, en estas primeras anotaciones sobre el tema, tratar de definir, con las generalidades que un primer abordaje impone, de qué estamos hablando, cuando hablamos de IA.

    Hasta donde hemos podido indagar, hay algun grado de acuerdo acerca de definirla como un tipo especial de tecnología de la información y comunicación, basada en la utilización de datos y algoritmos, capaz de generar aprendizaje y comportamiento considerado autónomo y/o inteligente, así como desarrollar tareas habitualmente consideradas humanas, centradas en la consecución de determinados objetivos, incluyendo diferentes ámbitos de aplicación, entre otros, la percepción, el razonamiento o la acción. 

    Se enuncian como asociados a la IA los algoritmos, datos, decisiones automatizadas, así como asistentes de voz y sistemas de reconocimiento facial, entre otros.

    La caracterización precedente no implica la compresión de un fenómeno particular sino como multiplicidad, calidad por la cual deben contemplarse las IA como plurales, múltiples y diversas.

  Porque las IA están constituidas como redes heterogéneas o ensambles tecnológicos, implicando articulación e integración con otras redes mediante procesos amplios en los cuales no solamente se verifica desarrollo de sistemas intangibles, sino apoyados en una realidad física, constituida a partir de recursos naturales, mano de obra, infraestructuras, servidores, procesadores, conductores, semiconductores, logística, entre otros.

    A continuación de estos acuerdos, entramos en terrenos en debate y construcción, por ejemplo los que proponen en la reciente publicación “La inteligencia artificial no piensa (el cerebro tampoco) los argentinos Miguel Benasayag y Airel Pennisi (editorial Prometeo), en donde discurren sobre la diferencias entre la inteligencia orgánica y la artificial, y apartan la capacidad de pensar como una singularidad de lo vivo, que excede incluso al cerebro humano.

    Pero esas cavilaciones, por ahora, nos exceden :)/

La importancia de dormir, bien.

    El uso de las nuevas tecnologías afecta la cantidad y calidad del sueño en la población en general, y especialmente en niños, niñas y adolescentes quienes tienen cada vez mayor acceso a dispositivos móviles de todo tipo.


    Distintas fuentes científicas y académicas coinciden en definir al sueño como componente fundamental para el desarrollo físico y mental de los niños y adolescentes.

    Se trata de una función fisiológica esencial para el bienestar general de todos los seres humanos, pero cobra singular importancia en infancia y adolescencia. Un período de inconsciencia durante el cual el cerebro permanece sumamente activo. Proceso complejo que ayuda a las personas a procesar nueva información, a mantenerse saludables y a rejuvenecer. 

    Mientras una persona duerme, su cerebro se prepara para el día siguiente formando nuevas vías para ayudar en el aprendizaje y el almacenamiento de información. En este sentido el sueño es necesario para el correcto funcionamiento tanto físico como mental, siendo un proceso que permite consolidar recuerdos en la memoria y gestionar el aprendizaje. 

    El cerebro trabaja ininterrumpidamente durante el sueño, organizando la información recabada durante el día y procesándola, construyendo conocimientos y recuerdos, haciendo que el organismo produzca hormonas que ayudan a los niños a crecer (como la hormona del crecimiento que se sintetiza de noche), ayudan a producir masa muscular, a combatir las enfermedades a través de su sistema inmunológico y a reparar los daños que sufre el organismo. 

    Durante el sueño, el cerebro continúa trabajando en la producción de neurotransmisores, entre ellos el cortisol, conocido normalmente como hormona del estrés. Las interrupciones del sueño pueden alterar esta función cerebral nocturna, con afectación de la concentración, la memoria y la estabilidad emocional. 

    La deficiencia de sueño puede acarrear problemas de aprendizaje, concentración y atención. El comportamiento de la persona puede verse afectado, predominando emociones negativas, irritabilidad, sentimientos impulsivos y de enojo, carencia de motivación, cambios de humor y dificultad para establecer relaciones sociales adecuadas.

    Reducir las horas de sueño genera dificultades en la concentración y en los tiempos de reacción aumentando la propensión a correr riesgos y tomar malas decisiones; aumenta el riesgo de tener presión arterial alta, enfermedades cardíacas, obesidad, diabetes y otros problemas de salud; provoca irritabilidad y contribuye a problemas de relación, en especial en niños y adolescentes, aumentando el riesgo de padecer trastornos mentales como depresión, suicidio y conductas riesgosas. 

    La falta de sueño o la mala calidad de este se constituyen entonces como un problema fundamental en la vida todo ser humano ya que afecta el desempeño de las tareas cotidianas, el estado de ánimo y la salud en general; mientras que dormir las horas necesarias y tener un sueño reparador ayuda a que nuestro estado de ánimo sea más positivo, nos sintamos con más energía y tengamos mayor capacidad para el manejo del estrés y de las emociones negativas. 

    En el último tiempo el uso de nuevas tecnologías de la información y comunicación se ha incrementado, así como también los comportamientos nocivos en relación con ese uso. Y en paralelo se ha observado un descenso en el tiempo y calidad del sueño que repercute negativamente en la salud.

    El uso de estas nuevas tecnologías ha desplazado las horas de sueño haciendo que el dormir sea en horas más tardes, y que la conciliación del sueño se vea afectada por una sobreexposición a la «luz azul» que emiten los dispositivos electrónicos con pantalla, luz que es peligrosa ya que altera el ciclo de sueño/vigilia interfiriendo con la producción de la hormona melatonina y produciendo un estado de vigilia más prolongado.

    En este sentido la hiperconectividad ha afectado la cantidad y calidad del sueño en la población en general, y especialmente en niños, niñas y adolescentes quienes desde chicos tienen cada vez mayor acceso a dispositivos móviles de todo tipo. Las consecuencias de esto se observan especialmente en dos niveles: por un lado, la parte educativa donde se observa una baja en el rendimiento escolar, dificultades para concentrarse, tiempos de reacción más lentos o alterados, dificultades en el procesamiento de la información, entre otros. Y cambios en los estados anímicos los cuales se ven alterados, en especial irritabilidad, enojo, impulsividad, junto con un aumento de trastornos o patologías mentales como depresión, ansiedad y patologías del control de impulso. Estos cambios, asimismo, se asocian con un aumento de patologías adictivas, algunas de ellas con implicación de las nuevas tecnologías como la ludopatía o el consumo de pornografía, produciendo un círculo vicioso que repercute nuevamente en el sueño.

    Desde la salud pública considerar la relación entre el sueño y las nuevas tecnologías es importante ya que pone en evidencia la necesidad de considerar intervenciones tempranas que promuevan el buen uso de las nuevas tecnologías y ayuden en la toma de conciencia de los efectos adversos del uso incorrecto de las tecnologías y de la hiperconectividad. 

    En esta línea sería conveniente promover programas educativos que incluyan el buen uso de la tecnología y el conocimiento de sus efectos adversos así como campañas de concientización en la población en general que llame a las familias a fomentar desde los hogares estilos de vida más saludables y un uso controlado de la tecnología promoviendo los hábitos de higiene del sueño como fundamentales para evitar consecuencias adversas posteriores en la salud de la población en general. 

    * Bibliografía: 
Carrillo-Mora. Trastornos del sueño: ¿cuáles son y cuáles son sus consecuencias? Reverendo la Fac. Médico. 61, 6-20 (2018). 
Marques A, Loureiro N, Avelar-Rosa B, Naia A, De Matos MG. Estilo de vida saludable en los adolescentes. (Río. J). 96, 217-224 (2020). 
 Perdiendo el sueño por las nuevas tecnologías - Blog - ISGLOBAL. https://www.isglobal.org/healthisglobal/-/custom-blog-portlet/el-uso-de-las-nuevas- tecnologias-para-la-telecomunicacion-y-el-ocio-puede-afectar-el-sueno-de-los- adolescentes/6001955/0 ISGLOBAL . 
Instituto Europeo del Sueño. Las personas sufren de una mala calidad del sueño gracias a las redes sociales. https://institutoeuropeodelsueno.cl/las-personas-sufren-de-una-mala-calidad-del-sueno-gracias-a-las-redes-sociales/ (2021). 
Simón-Montañés L et al. Adolescentes “hiperconectados”: tiempo de sedentarismo frente a pantallas según género y tipo de día. Eur. J. Hum. Mov. 43, 49-66 (2020). 
 Sota, A. Maldonado, M. Ytuza, M. Cornejo, M. y Cusirramos, Y. (2021). Uso excesivo del celular, calidad del sueño y soledad en jóvenes de la ciudad en Arequipa, 11(1). https://revistas.ucsp.edu.pe/index.php/psicologia/article/view/1368/1332
Zapata-López JS, Betancourt-Peña J. Factores relacionados con la calidad del sueño según el cuestionario de Pittsburgh en estudiantes universitarios de Cali, Colombia. Reverendo Colomb. Psiquiatr. (2021) doi: htpps://www.dx.doi.org/10.1016/
J.RCP.2021.10.008

Nota: Los términos precedentes se corresponden con la exposición de motivos del proyecto de ley presentado por el senador Walter Torchio en el Senado provincial el 4 de julio de 2024, Expediente E 310 24/25.

Ludopatía On Line. Una nueva epidemia.

    El preocupante impacto social del fácil acceso a plataformas que permiten a apostar en cualquier momento y lugar, con anonimato y privacidad, sumado a la permanente estimulación en las redes sociales y eventos deportivos patrocinados por las casas de apuestas.


    La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce la ludopatía como una enfermedad emocional que afecta aspectos de la vida personal, familiar, laboral, social y económica de quien la padece. En su Clasificación Internacional de Enfermedades 11 (CIE-11), define al trastorno por juego de apuestas predominantemente en línea como un patrón de comportamiento persistente o recurrente que se realiza principalmente por Internet y se manifiesta por: 1. deterioro en el control sobre el juego (por ejemplo, inicio, frecuencia, intensidad, duración, terminación, contexto); 2. Incremento en la prioridad dada al juego de apuestas al grado que se antepone a otros intereses y actividades de la vida diaria; y 3. Continuación o incremento del juego a pesar de que tenga consecuencias negativas. Este patrón produce deterioro significativo a nivel personal, familiar, social, educativo, ocupacional así como en otras áreas importantes de funcionamiento. Asimismo, dicho patrón puede ser continuo o episódico y recurrente, y generalmente es evidente durante un período de al menos 12 meses para que se asigne el diagnóstico, aunque la duración requerida puede acortarse si se cumplen todos los requisitos de diagnóstico y los síntomas son graves.  

    En argentina, según las estadísticas del Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos, el 30% de la población mantiene algún tipo de vinculación con el juego, y dentro de ese porcentaje el 95% corresponde a personas que lo hacen recreativamente, 3,5% son jugadores problemáticos y 1,5% compulsivos. Las apuestas en línea son un fenómeno en crecimiento, en especial entre los adolescente.  

    Según el informe Global Online Gambling Market, las apuestas recaudaron 65.316 millones de dólares en 2020 y proyectan cerca de 130 mil millones para 2027. Sin embargo, a raíz de que no existe regulación que impida a los menores la participación en las apuestas online (ya que ingresan a las mismas con un perfil falso) y, como la información está en manos de los propios operadores del juego, no se sabe exactamente la magnitud alcanzada por las apuestas online adolescentes. Un indicio al respecto lo aporta un estudio de Kantar Ibope Media, según el cual en Argentina, durante el 2022, el rubro Juegos de azar es el que más creció (281%) en inversión publicitaria multimedia. Y es que en los casinos virtuales y los sitios de apuestas deportivas intervienen influencers, deportistas, tiktokers, modelos, actores y músicos que comparten publicidades pagas sin ninguna advertencia. 

    La adicción a los juegos en línea aumenta entre los adolescentes porque crecen los consumos diversos (alcohol, drogas, las pantallas, las redes sociales) y bajan las edades de inicio. Asimismo, la pandemia naturalizó muchas actividades que antes eran presenciales y que ahora adoptaron el formato virtual. Así las apuestas online se ven favorecidas por el anonimato y la privacidad que brindan las plataformas online, conjuntamente con su fácil acceso; una continua estimulación visual en las redes sociales y eventos deportivos masivos producidos por las casas de apuestas; la posibilidad de apostar en cualquier momento y lugar sin tener que hacer esfuerzo alguno ni trasladarse hasta un establecimiento.  

    La edad de iniciación promedio es a los 15 años. Los adolescentes crean un perfil falso con datos de un mayor y utilizan el dinero con el que cuentan en diferentes billeteras virtuales para realizar apuestas. En este sentido, al principio apuestan lo que ganan hasta que empiezan a perder y aparece el vínculo tóxico con el juego, que es lo que se llama ludopatía, que tiene como condición la pérdida y la posterior necesidad de volver a jugar para recuperar lo perdido, convirtiéndose en un círculo negativo que termina, la mayoría de las veces, en deudas de dinero que no pueden afrontar y que los lleva a adoptar conductas como aislarse, estar irritables, ansiosos, molestos, mentir e incluso robar, entre otras, que los excede en su capacidad de resolución. Es por esto que se considera a la ludopatía digital como una de las principales adicciones del siglo XXI.

    Con ese marco, además de regularse el acceso a las plataformas virtuales, deben promoverse acciones que prevengan la Ludopatía Online en adolescentes, a los fines de concientizar y capacitar para abordar el problema, visualizando sus consecuencias.

    Nota: Los términos precedentes se corresponden con la exposición de motivos del proyecto de ley presentado por el senador Walter Torchio en el Senado provincial el 15 de marzo de 2024, Expediente E 111 24/25.

#8M - QUE HOY HABLEN ELLAS (solo agradezco)

En esta fecha hay que dejar espacio para que hablen ellas (demasiados siglos han debido estar calladas).

Me limito a hacer un listado de agradecimiento, espontáneo e injusto (por las que deja afuera), de las mujeres que más me han influido para ser mejor en el tema de la perspectiva de género. Muchas gracias en este 8M para: Argentina: Alicia Moreau de Justo, Ofelia Fernandez, Malena Pichot y Amanda Collado. Bolivia (y Argentina): Juana Azurduy Brasil: Marielle Franco Chile: Isabel Allende y Mon Laferte Costa Rica: Chavela Vargas España: Irene Montero y Rosalinda. Estados Unidos: Alexandria Ocasio Cortez Mexico: Frida Kahlo. * Todas ellas, alguna vez, me han hecho reflexionar y cambiar (para mejor).

Presupuestos municipales y crisis.


El ajuste sobre ingresos y ocupación, sumado al repliegue de los estados nacional y provincial impacta en las Municipalidades.

   La velocidad de ejecución de las partidas municipales destinadas a asistencia social en los municipios de la Provincia de Buenos Aires es mayor este 2018 que años anteriores. También en términos relativos, dentro de este mismo ejercicio, respecto del resto de las cuentas.

   Se supone que a fines de agosto el grado de avance debería estar alrededor de los dos tercios de lo presupuestado (que en términos generales equivale al promedio histórico de lo invertido, ajustado por inflación y con algún retoque hacia arriba o abajo según decisión política en cada caso y en cada época).

  Sin embargo, en la mayoría de los Municipios los Intendentes y sus contadores ven con preocupación que las previsiones presupuestarias de ese rubro se agotaron a mitad de año o se acabarán antes de finalizar el invierno, lo que obliga a un traspaso de créditos compensando con “ahorros” o excedentes en otros renglones.

   El aumento de las demandas responde a distintas causas, pero tiene la misma raíz: el fortísimo ajuste económico sobre ingresos y ocupación de los sectores más vulnerables, sumado al repliegue de coberturas que brindaban Nación y Provincia.

   Las necesidades de asistencia alimentaria crecen aceleradamente, como confirman las ONG que trabajan en el terreno. Pero también se incrementan gastos para cubrir medicamentos, traslados para tratamientos médicos y prótesis indispensables, por citar algunos ejemplos vinculados a la salud.

   La crisis exige al máximo a funcionarios y empleados de las áreas de asistencia social, los que afrontan mayores exigencias para satisfacer cada día necesidades muy elementales.

Lamentable Acordada de la Suprema Corte Provincial


Aísla a jueces y fiscales de la sociedad civil.


  Mediante Acuerdo N° 3872 dictado en La Plata el pasado 25 de octubre, el Superior Tribunal de la Provincia le prohíbe a magistrados y funcionarios de ese Poder Judicial el ejercicio de cargos directivos en entidades educacionales, tanto públicas como privadas. 

También excluye a los jueces y las funcionarios del Ministerio Público de toda participación en órganos de administración o fiscalización en todo tipo de personas jurídicas, lo que abarca por ejemplo a asociaciones civiles, simples asociaciones y sociedades cooperativas.


Algunos interpretan la medida como una desproporcionada reacción defensiva ante el embate insinuado por el Presidente de la Nación contra las prolongadas ferias judiciales y los acotados regímenes horarios de algunos organismos.

  Otros simplemente lo califican como subproducto del aislamiento que los supremos judiciales, desde sus herméticos y suntuosos despachos sobre la Avenida 13 de La Plata, vienen demostrando en los últimos años.

  El caso es que a los magistrados y funcionarios (Secretarios, auxiliares letrados, peritos, Jefes de Oficinas) quedan fuera de participación, aún en forma gratuita, en entidades educativas.

  Y a los magistrados e integrantes del Ministerio Público (Fiscales, Asesores de Incapaces, Defensores oficiales, y sus auxiliares) se los expulsa literalmente de los cargos que ocupaban en organizaciones de la sociedad civil sin fines de lucro.

  Paradoja, la única actividad extrajudicial que se les permite en forma asociada es la defensa de sus intereses corporativos..

  A lo largo y ancho de la Provincia más poblada del país, miles de sociedades cooperadoras, de fomento, asociaciones culturales,  de ayuda mutua, clubes deportivos, bibliotecas populares y muchas otras formas de organización popular verán partir a personas que, en forma solidaria y desinteresada, participaban de las mismas con compromiso de buenos ciudadanos, padres o simples vecinos.


  Una verdadero apartheid social, que acentuará hasta niveles extremos la tendencia al aislamiento que se observan en algunos sectores judiciales.

  A partir de prohibiciones existentes aceptadas como razonables, por ejemplo las del ejercicio del comercio o industria (art. 21 ley 13.661), para impedir que actividades ajenas a la función interfieran material o moralmente con ésta, evitando que intereses económicos o profesionales puedan presionar la conciencia del juez, influyendo sobre la imparcialidad que debe primar en sus determinaciones (aunque tal prohibición no alcanza curiosamente las actividades productivas de materias primas con fines de lucro), la Suprema Corte ha entendido necesario avanzar previniendo también que tales personas contraigan “obligaciones que por su naturaleza o caracteres impidan o siquiera perturben el cumplimiento apropiado de las funciones especificas que tienen asignadas”.  Con ello, entre otros razonamientos de dudosa constitucionalidad, los meten dentro de una burbuja.

  Luego, tras invocaciones al principio de la independencia judicial, incursionan en el régimen de prohibiciones e incompatibilidades de los integrantes del Poder Judicial que sólo podría ser reglamentado por ley (clara interferencia a la división de poderes).

  Hay pasajes que rozan lo ridículo. Como cuando se alude a la conveniencia de evitar actividades que afecten la dedicación que exige la función judicial, por medio de la no asunción de otras actividades que pudieran perjudicar su normal funcionamiento.

  Cabe preguntarse si se trata de una moneda de cambio para evitar la extensión de los horarios judiciales que llegan desde la Gobernación, o –ya tomándolo con humor- el anticipo de nuevas vedas tales como actividades deportivas, fiestas sociales o asados con amigos.-

  En fin, raros vientos de cambio también llegan al Poder Judicial, cuya función en un Estado de Derecho es tan crucial como peligroso que sus integrantes se crean ubicados por fuera del Pueblo que integran.