Hace unos días, el médico salliquelense Darío Cavalié publicó un video grabado en el ámbito del Hospital Municipal de Trenque Lauquen. Allí se presentó como integrante del “Servicio de Hemodinamia del Hospital”, para anunciar que se interrumpiría la atención programada a afiliados de IOMA por una deuda superior a los 300 millones de pesos.
Un detalle quedó convenientemente fuera de cuadro, y es que el servicio de hemodinamia funciona mediante Trenquecardiohemo SRL, una sociedad privada que presta el servicio dentro del hospital público desde 2010 y que, hasta ahora, facturaba las prestaciones de IOMA de manera indirecta a través de la Municipalidad (dicho sea de paso, ese profesional quejoso también integra el centro privado de nefrología de la calle Roca).
Es decir, el reclamo se formuló desde un hospital municipal, por integrantes de una empresa privada, atribuyendo la deuda a IOMA, mientras el Municipio —parte indispensable del circuito de facturación— mantenía un llamativo bajo perfil.
La escena produjo comunicados, indignación y una campaña pública contra la obra social provincial. El incendio estaba declarado.
Ayer conocimos el desenlace. La empresa avanzó finalmente en el mecanismo para transformarse en prestadora directa de IOMA, justamente la solución que venía reclamando para eliminar la intermediación municipal.
Eso esta bueno. Lo curioso es el relato posterior.
Porque algunos medios y voces cercanas al oficialismo local presentan ahora la solución como una victoria de quienes denunciaron el problema, como si nada tuvieran que explicar quienes administraban el esquema que terminó generando el conflicto.
Por eso proponemos la tesis que hemos asistido a una pequeña obra en tres actos. Primero, se incendia la pradera. Después, se convoca a los vecinos para denunciar el incendio. Finalmente, aparecen los bomberos, apagan las llamas y reciben una ovación.
¡Aplausos para los bomberos! Aunque quizá, antes de aplaudir tanto, convendría preguntar quién tenía los fósforos.
